REFLEXIONES LIBERTARIAS


Las economías milagrosas.

Ricardo Valenzuela

Al inicio de los años 70, un oficial de la Tesorería de EU pronosticaba que el boom económico de Japón estaba por terminar. La mano de obra estaba ya demandando salarios más altos y, con esa presión, Japón tendería a estabilizar su crecimiento a niveles de los países de occidente. Pero eso no sucedió y la economía de Japón se siguió expandiendo y se convertía en una amenaza en cualquier campo que sus empresarios decidieran invadir. La otora tierra de productos copiados, se convertía en la tierra de lo mejor. “Hecho en Japón” era ahora una marca de calidad. Las explicaciones acerca de su increíble prosperidad eran misteriosas. Era un milagro económico. Su gente como portadores de una energía única, y la lista crecía. Nadie parecía tener una respuesta que acertara.

Pero el milagro de Japón no sería único, pues otros cuatro países asiáticos con menos riqueza nacional, si es que alguna, se unían al club del “milagro económico” y la explicación de raza superior desaparecía, pero también la explicación milagrosa. Los economistas desmitificaron estas naciones afirmando que cualquier país puede provocar el milagro de los tigres asiáticos. Al final, el impacto más importante ha sido en el mundo de la teoría económica. Los “progresistas” que han dominado la academia y los gobiernos ridiculizaban a Adam Smith y solían llamar estos tigres caricaturas económicas, se han callado. 

Históricamente, esto no es algo inusual. A nivel individual ¿Cuántos inmigrantes llegaban a EU y en poco tiempo se hacían ricos? Andrew Carnegie arribaba de Escocia huyendo de la pobreza e iniciaba trabajando por $1.20 a la semana. Su historia, llegando a ser el hombre más rico del mundo, en menor escala era replicaba por millones. No había ningún misterio, solamente inteligencia y trabajo incansable en una economía de mercado libre. Pero hay otra historia similar. Los primeros inmigrantes de EU seleccionaban lo mejor de las prácticas políticas de los viejos países. Ellos separaban el trigo de la basura adoptando lo mejor y eliminaban lo dañino. Rechazaban la aristocracia, privilegio de nacimiento, reyes, dictadores, monopolio de religión, ejércitos poderosos y beligerantes. Aprobaban el concepto de un gobierno limitado con restricciones constitucionales. 

Con ese ejemplo, los tigres asiáticos hicieron algo similar no solo con sus políticas generales, incluían sus políticas económicas e impositivas. También ellos separaban el trigo de la basura haciendo a un lado lo venenoso.

Al hablar del milagro asiático nos referirnos a Japón, Hong Kong, Corea del Sur, Taiwán y Singapur. Expertos invadían estos países buscando el secreto de ese desarrollo milagroso, pero se dieron cuenta que no había fórmula mágica. Algunos de esos gobiernos han sido más activos apoyando su economía (Japón y Corea del Sur), mientras que otros fueron pasivos (Hong Kong). Esto nos indica que tuvieron una ausencia de dogma económico y hasta de teoría. Todos ellos han sido pragmatistas, buscadores de soluciones a problemas económicos experimentando para encontrar respuestas que funcionen. Algunos de ellos trataron el gobierno propietario, pero finalmente aprendieron que el mejor papel del gobierno es asistir, aconsejar, ayudar, financiar o lo que fuera necesario para provocar que los negocios privados prosperaran. Y una conclusión común fue evitar el socialismo, el paternalismo del gobierno, y la hostilidad hacia los negocios privados. Todos ellos evitaron gobiernos obesos, gastos y regulaciones excesivos, y sistemas impositivos punitivos.

Al final, otro común denominador sería establecer las prioridades del gobierno. Inconscientemente ellos aplicaron la receta Calvin Coolidge de 1920 cuando afirmara: “El negocio de los EU son los negocios”. Esa filosofía de establecer el crecimiento económico (negocios) como su más importante prioridad, era el signo distintivo de EU y los asiáticos lo adoptaron. Para promover el concepto empresarial, ayudar a que los negocios prosperaran y para incrementar su competitividad en los mercados globales, entre otras cosas, establecieron incentivos fiscales. Y definitivamente la incrementaron.

Además, ese éxito fue compartido con todos los ciudadanos. El ingreso per cápita en Hong Kong viajó de $180 dólares en 1950 hasta $80,000 hoy día, Singapur iniciando en 1960 con $300 dólares, hasta hoy día que reporta más de $90,000, y Taiwán tiene historia similar. Estas regiones del mundo, en 30 años se transformaron de ser los burdeles, refugio de criminales, contrabandistas, y salas de opio del oriente, a las más desarrolladas, ricas y ordenadas del mundo.

Claro, estos países tuvieron gobiernos estables, sindicatos sensibles y, sobre todo, se mantuvieron lejos de las economías manoseadas para abrazar los mercados libres. Sin embargo, el factor que menos publicidad se le hacía fue su rechazo común a los impuestos opresivos. Por virtud de impuestos bajos, trabajadores y empresarios fueron catapultados para trabajar, ahorrar, y tomar riesgos. Pero la tajada más grande fue para los grandes tomadores de riesgo—los emprendedores—no para el recolector de impuestos. Eso en gran parte explica el que estos países eliminaran a muchos otros de los mercados mundiales. Ahora vemos que impuestos bajos son sine qua non de los milagros de sus economías. 

Pero los milagros económicos asiáticos no son milagros. Solamente mucho trabajo, impuestos inteligentes, y una sociedad negocios-gobierno haciendo lo necesario para la prosperidad de los negocios privados. Algunas veces con gobiernos sin intervenir y otras veces agregando dirección, regulaciones tenues e incentivos. A diferencia del resto del mundo, los gobiernos de estos países, lejos de ser el gran obstáculo, se convertía en sus ángeles de la guarda. Otros países aún creen en trabajar duro, pero, desafortunadamente, sus gobiernos han establecido otras prioridades en lugar de primeramente promover prosperidad. Sus líderes están todavía atrapados por su creencia en gobiernos monstruosos y gastos de la misma dimensión para resolver sus problemas. Se ha promovido el rechazo al capitalismo, y eso ha creado grandes dudas de la virtud de la “libre empresa”, y el estatismo avanza.  

Los tigres asiáticos hicieron lo que los ejércitos americanos en Viet Nam no pudieron. Expulsaron al comunismo sin hacer un solo disparo ni matar a nadie. Rechazaron el marxismo porque no funciona. Los países del tercer mundo tienen cinco ejemplos de naciones increíblemente prósperas, para comparar capitalismo y comunismo, ver luego cómo se levantaron del infierno de la pobreza y se elevaron a niveles de primer mundo. En el caso de EU, tal vez el gran error en su lucha contra el comunismo ha sido el haberse alejado del sistema que los hizo grandes, y no refregar en el rostro del mundo que el comunismo es el gran destructor.

 

Pero si a esa letal teoría la dejan hacer lo que mejor hace, destruir, con el tiempo morirá ahogada en su propia sangre. Las otras naciones asiáticas y del tercer mundo, llegarán a una encrucijada en la que, su desesperación los obligará a seguir la receta de los tigres, y las que no tengan el suficiente sentido común, continuarán en lo que Milton Friedman definió como una eterna mediocridad, pero cada vez más mediocre.           

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