REFLEXIONES LIBERTARIAS


Los dos hombres continuaban su cabalgata sumergidos en una profunda conversación cuando, repentinamente, Vallian con una cara de entusiasmo como alguien que descubre un tesoro, interrumpiendo al hacendado le dice; ¿Sabe una cosa don Julián? Yo pienso que el futuro de las sociedades libres deberá descansar sobre un importante pilar; educación. ¿No cree que un buen inicio sería establecer una escuela en Los Sicomoros? Yo estoy enterado de la forma que los yankees están utilizando la educación para crear ciudadanos sumisos, y luego establecer un tipo de gobierno para arriar las masas a donde ellos quieran que vayan, y ese destino es solo en beneficio de ellos.                                                

En el este el gobierno ha mostrado un deseo compulsivo para establecer un programa de educación pública. Pero el objetivo más importante de ese programa es moldear, instruir a las masas para lograr su obediencia irrestricta. Ha sido utilizado también para reprimir algunos disidentes religiosos, al mismo tiempo que los inundan y los imbuyen con las virtudes de obediencia al Estado. Es por eso que los Cuákeros en Massachusetts y Connecticut decidieron establecer sus propias escuelas, ante una agresiva oposición del gobierno que es una lucha que todavía está por decidirse. Hay otras denominaciones religiosas que prefieren educar a sus hijos en casa.

Uno de los grandes promotores de la educación pública, el Dr. Archivald Murphy de Carolina del Norte, lo describía claramente: “Todos los niños serán educados en los preceptos de moralidad y religión y, más importante, se les formarán los hábitos de subordinación y obediencia a las instituciones. Sabemos que los padres no saben cómo instruirlos, muchos de ellos no tienen educación para hacerlo. Entonces, el estado, con la tibieza de su afección y preocupación por su bienestar, deberá tomar control de esos niños, para ubicarlos en escuelas donde sus mentes puedan ser iluminadas y sus corazones preparados para la virtud, obediencia, y apoyo a las instituciones del estado”.

Un filósofo inglés que ama tanto la libertad como nosotros, Herbert Spencer, está echando por tierra todas las intenciones escondidas de los gobiernos en su compulsión por la educación pública, y el pregunta: “¿Por qué debemos aceptar que los gobiernos sean los educadores de la gente ¿Por qué deben ser educados? ¿Para qué es la educación? ¿Es para preparar a la gente para la vida social? ¿Para hacerlos buenos ciudadanos? Y ¿Quién decide lo que es un buen ciudadano? El gobierno: no hay ningún otro juez. ¿Quién tiene esa autoridad moral para decidir cómo esos buenos ciudadanos se deben formar? El gobierno: No hay otro juez. Entonces esa propuesta se debe interpretar—el gobierno debe ser responsable de moldear a nuestros hijos como buenos ciudadanos. Pero deberá primero crear, para el mismo, una concepción clara del ciudadano modelo; y habiendo logrado eso, debe elaborar un sistema de disciplina para producir ciudadanos siguiendo el modelo que ellos inventaron. Este sistema de disciplina espartana es estructurado para ejecutarlo total y terminantemente. Porque si resulta en todo lo contrario, permitirá que los hombres se conviertan en algo muy diferente a lo que, a su juicio, deberían de ser, y  por eso fallará miserablemente en la tarea que se le encomendó, y no se lograrán los objetivos que el estado compulsivamente está persiguiendo”. 

Totalmente de acuerdo, responde don Julián. En toda América Latina se desarrolló un fenómeno similar. Desde la llegada de los españoles, en sociedad con la iglesia católica a la cual se le entregaba el monopolio de la educación y de la religión, el moldeado de las mentes ha sido cortesía de la iglesia. En México, por ejemplo, la única forma de educarse era acudir a los colegios de la iglesia, e inclusive, a niveles profesionales la educación se llevaba a cabo en los seminarios o los monasterios. En México, durante los últimos años, todos los actores de la política son hombres que fueron educados de esa forma: Miguel Hidalgo, Vicente Guerrero, José María Morales y Pavón, Lorenzo de Zavala, y en tiempos más recientes Benito Juárez, Porfirio Díaz y todos esos liberales científicos. Eso no ha permitido, inclusive cuando el poder ha estado en manos de liberales, que en el país se desarrolle una sociedad libre con sus instituciones igualmente libres.

Eso ha provocado que en México emerjan liberales que no lo son más que de nombre. Ponciano Arriaga, uno de los más admirados liberales, fue el pionero de las reformas agrarias socialistas con la cual proponía expropiar tierra de los hacendados para entregarlas a los indígenas. “Un liberal quebrantando uno de los sagrados principios del liberalismo, respeto a la propiedad privada”.  El mismo Benito Juárez, con su odio hacia la propia iglesia católica, ha violado infinidad de principios liberales. Pero el mejor ejemplo es Antonio López de Santa Anna quien, a medida que el viento cambiaba su dirección, así cambiaban sus posiciones quien, en su momento fuera liberal, luego conservador, independiente, pero no fue impedimento para ocupar la presidencia once veces, y vendiera California y Nuevo México después de regresar de su exilio en Cuba.

Los textos para la educación son selectivos en su contenido, lenguaje, y puntos de vista. Sin embargo, en las escuelas privadas encontramos variaciones importantes en los diferentes programas. Así los padres pueden juzgar que es lo que quieren se les enseñe a sus hijos, revisando los planes ofrecidos. Pero en ninguna de esas escuelas encontrarán alguna orden para enseñar la “supremacía” del estado, como una filosofía compulsiva. Sin embargo, en todos los sistemas educativos controlados políticamente, tarde o temprano, agresivamente inocularán esa doctrina, ya sea con la bandera del divino derecho de los reyes, o el del sagrado “mandato de la gente” en la democracia.

Una vez que esas doctrinas son aceptadas, se convierte en una tarea sobrehumana el romper ese candado para liberase del poder político sobre todos los aspectos en la vida de los ciudadanos. Desde la infancia, los niños son prisioneros. Han mantenido aprisionado su cuerpo, su propiedad, y su mente. Un pulpo tarde o temprano libera su presa, pero el gobierno nunca. Un sistema compulsorio de educación soportado a base de impuestos, es el modelo completo de un estado totalitario, y hacia allá vamos.

Para que ha futuro la educación sea un agente positivo en la formación de mentes, sociedades y países, hay que eliminar al gobierno de este proceso. Lo único que le interesa al gobierno, es adoctrinar a la juventud y moldear los líderes futuros a través de la operación estatal y control de la educación superior. Es una necesidad suprema abolir las leyes de asistencia compulsiva y obligatoria, que lo que realmente hacen, es convertir las escuelas en prisiones para custodiar, por cuenta del estado, la juventud nacional mientras le siguen destruyendo su independencia, su creatividad, su carácter, su fuerza moral, su individualidad. Así se podría liberar esa juventud para que tengan la opción de acudir a otras escuelas, o, se dediquen al trabajo productivo. Esa abolición detendrá en seco los planes del gobierno para implementar impuestos especiales, para esclavizarnos aún más.

El hacendado realmente afectado le dice a Vallian; has tenido una excelente idea y solo me resta decirte, vamos implementando en Los Sicomoros este paraíso de libertad educacional, un capullo para formar mentes libres. En todos los ranchos que configuran mi propiedad, debe de haber, entre niños y jovencitos, hombres y mujeres, no menos de 200 que en este momento no reciben educación alguna. Pero además, estoy dispuesto a invitar niños de otras partes del estado a que venga a recibir educación en libertad.

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"Si pudiésemos correr el velo oscuro de la antigüedad [en lo referente al origen de los reyes, del Estado y los impuestos] y pudiéramos rastrearlos hasta sus orígenes, encontraríamos que el primero de ellos no fue más que el rufián principal de alguna banda desenfrenada; su salvaje modo de ser o su preeminencia en el engaño, le hicieron merecer el título de jefe entre canallas. Incrementando su poder y depredación, obligó a los pacíficos e indefensos a comprar su seguridad con frecuentes contribuciones."

Thomas Paine.

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