Cárcamo Norte en Hermosillo, una obra de 213 millones de pesos en 15 hectareas.
En una ciudad donde el calor suele marcar el ritmo de vida, el deporte ha sido históricamente un refugio, un punto de encuentro y, sobre todo, una plataforma de sueños. La promesa de la nueva Unidad Deportiva Cerro Colorado no solo representa una obra de infraestructura; simboliza una apuesta por el futuro deportivo de Hermosillo.
Con una inversión que supera los 213 millones de pesos, este complejo, que se perfila como el más grande de la capital sonorense, llega en un momento clave, donde la necesidad de espacios dignos para la práctica deportiva es cada vez más evidente. Más de 15 hectáreas dedicadas al deporte no son solo números: son oportunidades. Oportunidades para que niños, jóvenes y adultos encuentren en una cancha, una pista o incluso en un skate park, una razón para competir, convivir o simplemente mantenerse activos.
El diseño del proyecto recuerda inevitablemente a la Unidad Deportiva El Cárcamo, un espacio que ha probado ser semillero de talento y sede constante de competencias. Replicar ese modelo no es casualidad; es reconocer que cuando se hacen bien las cosas, los resultados trascienden generaciones. Sin embargo, Cerro Colorado no busca ser una copia, sino una evolución: más grande, más completo y con una visión integral que incluye no solo el deporte competitivo, sino también el esparcimiento familiar.
Tres campos de béisbol, cuatro de fútbol, cuatro de básquetbol y la posibilidad de sumar una pista de atletismo hablan de una planificación ambiciosa. Pero más allá de la cantidad, lo relevante será la calidad del uso que se le dé. Porque en México, el verdadero reto de las grandes obras deportivas no está en construirlas, sino en mantenerlas vivas, activas y seguras.
En ese sentido, la incorporación de un área comercial tipo ágora, inspirada en espacios como el Parque Madero, apunta a algo fundamental: hacer del deporte una experiencia social. Ya no se trata únicamente de ir a entrenar, sino de convivir, de apropiarse del espacio, de convertirlo en parte de la rutina diaria. Ahí radica el éxito de los grandes complejos deportivos del mundo.
Otro punto a destacar es la seguridad. La presencia permanente de vigilancia no es un detalle menor en una ciudad que, como muchas otras, enfrenta desafíos en este rubro. Un espacio seguro es un espacio utilizado, y un espacio utilizado es, en sí mismo, una herramienta de prevención social.
Con un avance del 40% y la promesa de estar listo para noviembre, la Unidad Deportiva Cerro Colorado ya genera expectativas. No solo entre autoridades, sino entre ligas locales, entrenadores y familias que ven en este proyecto una posibilidad real de crecimiento.
La pregunta no es si será la más grande de Hermosillo. Todo indica que lo será. La verdadera interrogante es si logrará convertirse en el nuevo corazón deportivo de la ciudad. Si consigue formar talentos, albergar competencias y, sobre todo, integrarse a la vida cotidiana de los hermosillenses, entonces no solo estaremos hablando de una obra exitosa, sino de un legado.
Porque al final, las canchas se construyen con concreto, pero las historias que ahí nacen —esas— se escriben con esfuerzo, disciplina y sueños.

Bienvenida al Salón de la Fama 2026
En Hermosillo hay tardes que no se olvidan. No por el marcador de un juego ni por la última jugada en la duela, sino por esos momentos en los que la historia se sienta en primera fila y aplaude de pie. Así se vivió la reciente ceremonia del Salón de la Fama del Deportista Hermosillense 2026, una celebración donde el tiempo hizo pausa para rendirle tributo a quienes han construido, con sudor y carácter, la identidad deportiva de la capital sonorense.
Bajo el cobijo del programa “Bienvenido a Casa”, el presidente municipal Antonio Astiazarán Gutiérrez abrió las puertas, no solo de un recinto, sino del corazón de la ciudad a 20 trayectorias que ya eran grandes, pero que ahora quedan inmortalizadas donde pertenecen: entre los suyos. “En la H estamos orgullosos de su talento”, expresó, con la certeza de que el reconocimiento también es una forma de justicia deportiva.
El deportivo Nacameri se convirtió en un santuario de recuerdos. Entre aplausos y miradas cargadas de emoción, desfilaron historias de entrega absoluta: la fuerza del basquetbolista Alejandro Burruel Márquez y Rafael Ibarrola Martínez; la pasión futbolera de Jorge Eduardo Barrón Hoyos y Luis Pedro Ramos Ruiz; la voz que narró generaciones en Jesús Durán Santeliz; la entrega total de José Raymundo Merino León en el diamante y el softbol; así como la huella profunda de Enrique Mazón Rubio en el desarrollo del béisbol profesional.
Ahí estuvieron también nombres que han tejido el deporte desde distintas trincheras: Carlos Emilio Acosta Figueroa, Carlos Alberto Rendón Rodríguez, Juan Carlos Durazo Terán y Germán Jesús Germán Nava, protagonistas del rey de los deportes; Rubén Leyva Valenzuela, Francisco Robles Tapia y Rubén Antonio Noriega Calderón, referentes del softbol; y Luis Alberto Zepeda Félix, ejemplo de grandeza como atleta adaptado.
El reconocimiento alcanzó también a quienes forman, guían y cuentan las historias: Luis Manuel Isibasi Araujo, figura multifacética; los entrenadores Juan Manuel Campos Pérez, Francisco Guillermo Mouet del Castillo y Sergio Valencia Othón, arquitectos silenciosos del éxito; así como el comunicador Oscar Manuel Soria Noriega, cronista del alma deportiva hermosillense.
Pero esta ceremonia no fue solo de nombres, sino de emociones. De hijos recibiendo placas en honor a padres que ya no están, de familias que sostienen el legado, de aplausos que cruzan generaciones. Cinco de los galardonados fueron homenajeados de manera póstuma, recordándonos que el deporte también se escribe con memoria.
Hubo también espacio para honrar a quienes sembraron la semilla de este recinto: la profesora Reyna Lozano de Balderas y Francisco Vega González, pilares de una iniciativa que hoy se consolida como punto de encuentro entre generaciones.
La inauguración de la nueva oficina dentro del complejo deportivo no fue un simple acto protocolario, sino la confirmación de que Hermosillo cree en su historia. Que la honra. Que la proyecta.
Hoy, esos 20 nombres dejan de ser únicamente recuerdos individuales para convertirse en patrimonio colectivo. Y mientras exista una cancha, una pista o un diamante en la ciudad, sus historias seguirán inspirando. Porque en Sonora, el deporte no solo se juega… se hereda.

El regreso de Julio Urias a grandes ligas
Las Grandes Ligas nunca duermen… y cuando parece que una historia ha llegado a su capítulo final, el béisbol se encarga de reescribirla. Hoy, el nombre de sinaloense Julio Urías vuelve a circular con fuerza en los pasillos de la MLB, y no por nostalgia, sino por posibilidad real.
La declaración del poderoso agente Scott Boras no fue menor: la carrera del zurdo sinaloense no está terminada. Al contrario, podría estar entrando en una segunda oportunidad que, como pocas, llega cargada de presión, expectativa y redención. Porque en el béisbol, como en la vida, el talento abre puertas, pero el contexto decide cuándo y cómo se vuelven a abrir.
Los rumores no tardaron en tomar forma. Equipos de alto perfil como New York Yankees y Los Angeles Angels ya habrían mostrado interés en el “Culichi”, un brazo que, cuando está en ritmo, puede dominar cualquier alineación del mundo. No es casualidad: a sus 29 años, Urías sigue en una edad competitiva privilegiada para un pitcher abridor.
Lejos del ruido mediático, el mexicano se mantiene activo, afinando su brazo en la llamada liga árabe de béisbol, bajo un contrato importante y según versiones cercanas, en una condición física que ilusiona. Es ahí, en el silencio del trabajo diario, donde se construyen los regresos que después sacuden estadios.
La pelota, sin embargo, no está en el guante de los equipos… sino en la decisión del propio lanzador. Boras ya dejó claro que solo falta la señal de Urías para comenzar a negociar. Y cuando ese teléfono suene, no será una llamada cualquiera: será el posible inicio de uno de los regresos más comentados del béisbol reciente.
Porque si algo nos ha enseñado este deporte, es que nunca se debe dar por terminado a quien todavía tiene rectas en el brazo y cuentas pendientes en el diamante. Y hoy, el nombre de Julio Urías vuelve a estar ahí, justo donde más ruido hace: en la antesala de las Grandes Ligas.
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