Agua que no has de beber…


José Darío Arredondo López

“Lo que embellece al desierto es que en alguna parte esconde un pozo de agua” (Antoine de Saint Exupéry).

¿Usted cree que es buena idea que el Ayuntamiento de Hermosillo se endeude por 15 años mediante crédito para Agua de Hermosillo? Aquí lo que resalta es la necesidad de que el organismo transparente el monto de los adeudos y el nombre de los deudores, y que cobre los adeudos conforme a derecho.

El problema del agua tiene muchas aristas, pero el común denominador es la mala administración del recurso, lo que permite suponer que en materia de disfrute del líquido hay usuarios favorecidos, desfavorecidos e invisibles.

Las dos primeras categorías son claras, están definidas porque forman parte del padrón de usuarios, reciben sus avisos de cobro y pagan o no lo que les corresponde, ateniéndose a las normas escritas y a veces borrosas de la recaudación municipal.

Los invisibles son, como es lógico, quienes carecen de identidad, forma, volumen y masa, aunque su presencia se discierne gracias al gasto o derroche del líquido que fluye sin pasar por ningún registro que ocasione efectos legales inmediatos.

Aquí el asunto se vuelve complicado porque tenemos un piso bajo, de consumo clandestino con destino a precaristas, invasores de terrenos, usuarios en vías de un ataque de nervios por causas de marginación y olvido.

Pero, tenemos un piso alto donde figuran los usuarios ganones, capaces de agenciarse cisternas, lagos artificiales, tomas clandestinas grandes y medianas funcionando gracias a la distracción de las autoridades competentes, usando ductos ilegales conectados a fuente de aprovisionamiento cuyo destino debiera ser el usuario común.

Nos enteramos de que en Monterrey han descubierto tomas que resuelven las necesidades de lujo de los usuarios mejor colocados en el panorama social de la entidad: políticos, artistas y demás, según reciente revelación periodística, así que la pregunta para Sonora es, ¿cómo andamos en el uso y el abuso del consumo de agua?

Lo anterior es pertinente porque se cuenta con una obsesiva campaña inmobiliaria para convertir algunas áreas verdes, cerros o áreas rústicas en terrenos dispuestos para recibir habitantes de lujo, que cuenten con espacios recreativos privados, campos de golf, albercas, flujo constante de agua y pocas o nulas repercusiones en la conciencia cívica de los usuarios, invisibles para efectos del pago de los servicios públicos disfrutados.

Cabe aclarar que el financiamiento por 116 millones de pesos para agua de Hermosillo fue aprobado por la mayoría prianista del cabildo, con lo que la deuda del municipio escala algunos puntos que sumados a los anteriores habrán de impactarnos durante los próximos 15 años.

Desde luego que la deuda sirve para resolver problemas presentes e invocar el “ahí se la echan” para quienes sigan en el cargo municipal y los causantes cautivos, pero al menos se debiera puntualizar en qué y cuánto se va a gastar el dinero, si realmente es prioritario el concepto del gasto y en qué medida y plazo se va a beneficiar a la población.

Hay preguntas que requieren de atención especial, como por ejemplo ¿qué se hace para hacer más eficiente la recaudación en el servicio de agua potable, cómo y cuándo se piensa mejorar el servicio? ¿Cuándo se va a atender el problema de las colonias del norte de Hermosillo, entre otras? ¿El agua de los ricos no es problema de los menos favorecidos y hay que dejarla correr?

Quedan en el aire algunas otras, pero las respuestas a las formuladas caen en buena medida en el terreno de la obviedad porque, se sabe, la opacidad siempre busca su propia justificación.

http://jdarredondo.blogspot.com

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