MORAL, INTEGRIDAD ¿TAMBIÉN PAGAN?


Debido a mi huelga declarada a la media y la falsedad de sus contenidos descubrí algo realmente interesante. Las series coreanas en Netflix que, para mi sorpresa, no solo son entretenidas, son sumamente instructivas e interesantes con temas como economía, política, negocios etc. Acabo de terminar una de ellas que me ha dejado verdaderamente impresionado porque, en mi carrera en las finanzas corporativas, tuve que vivir situaciones muy similares al contenido de esta titulada; Amor Revolucionario.

En esta serie se devela la historia de inmoralidad de las grandes corporaciones y, sobre todo, la personalidad de un líder psicópata, violento, cruel e inmoral, cuyo único objetivo era ganar dinero a costa de lo que fuera necesario y atropellando a quien se atravesara en su camino. Un hombre sin escrúpulos a quien no le importaba llevar a sus hijos a las situaciones más crueles y humillantes, con tal de enviar mensajes de hasta donde podía llegar su maldad.

Este hombre era dueño de un conglomerado billonario presente en los mercados con una gran variedad de empresas en diferentes campos. Un conglomerado donde reinaba la injusticia, la falta de integridad, la inmoralidad, bajo el puño de hierro de ese tirano que lo único que inspiraba era miedo y terror usado como el método fundamental para el manejo de su gente. Un hombre utilizando una crueldad inusitada contra sus hijos con la cual forjaba sus personalidades y sus conductas. Un estilo de dirección donde ese mismo terror aplicaba a un consejo de administración que automáticamente aprobaba todo lo presentado para luego aplaudir al tirano que tanto temían.

Muestra, también, cómo un hombre, al acumular el poder que le sirve el dinero, se vuelve insensible a las líneas que no debe cruzar y, al hacerlo, nunca considera el grave peligro que puede representar porque se siente omnipotente y nada ni nadie lo puede detener y, mucho menos, se le pueda llamar a cuentas por sus acciones. Pero, al transitar ese camino va sembrando odios y enemigos. Y, desgraciadamente, otros que sufren de esa ausencia de valores, lo llegan a admirar y deciden ayudarlo e imitarlo. Es cuando esas organizaciones, en lugar de tener socios, consejeros, colaboradores, tienen cómplices que se suman a la estructura corporativa de esos depredadores que van a la persecución del botín.

Y, algo más grave de estas conductas, es que la gente las identifica con lo que describen como capitalismo salvaje, siendo que representan la negación total del verdadero capitalismo republicano. Y, aún más grave, es cuando a estas acciones se suman los gobiernos que, con su fatal activo, el monopolio de la fuerza, se convierten en protectores de estas conductas para nunca sean investigadas, y por supuesto, nunca sean castigadas. De esa manera se va formando esa impenetrable red de corrupción, explotación, de violencia e impunidad, que sangra las economías y mantiene a los países en el fondo de ese pozo de la pobreza, miseria e injusticia, mientras esos “capitalistas” continúan apropiándose de la poca riqueza que se produce.

En esta serie, solamente las acciones idealistas de uno de sus hijos quien, por acción de su madre, se había mantenido lejos de la influencia del tirano quien lo despreciaba, se había mantenido inmaculado, íntegro, idealista, lo que le valía ser descrito como algo menos que imbécil, un bueno para nada. Un joven que, a pesar de que esos eran los mensajes que siempre había recibido de su padre, no le habían destruido la escala moral que le diera su madre, como sí le había sucedido a su hermano quien era jugador activo en el cruel esquema y participante en las pecaminosas acciones del tirano de su padre.

En este tablado de la inmoralidad personal de su padre y la de su conglomerado, en la figura del tiránico líder surgía algo que yo clasificaría como el peor elemento de su deformada personalidad. Una gran soberbia que lo cegara y nunca permitiera ver la ya agresiva tormenta que se formaba en su horizonte. Soberbia que no le permitía escuchar opiniones diferentes a las suyas y, quien las emitiera, sellaba su desgracia. Una soberbia que no le permitía darse cuenta no era infalible y se podía equivocar. Y, al surgir algún problema causado por sus acciones, injusta y cobardemente encontraba a quien culpar en su acción más temida que paralizaba a todos.

A mí me ha dado una gran lección. Así como los ingenieros llevan a cabo el proceso llamado ingeniería en reversa para encontrar las fallas que en sistemas de lo más complicado dan malos resultados y hay que corregirlos. Pienso que deberíamos hacer lo mismo, ingeniería en reversa de todo lo que se ha estado aplicando para llevar al mundo al filo del precipicio final. Es decir, hacer todo lo contrario de lo que se ha hecho pues sabemos no ha dado buenos resultados. Sería algo similar a uno de los programas de Seinfeld cuando George decide eso, todo lo contrario de lo que lo llevara a esa vida miserable. En eso llega una hermosa muchacha y se sienta en la barra. George se sienta enseguida y le dice; ”hola me llamo George, soy chaparro, gordo, pelón, estoy desempleado y vivo con mis padres”. La chica voltea con una hermosa sonrisa y le responde; “hola, yo soy Victoria”.

Porque si analizamos la situación actual, nos daríamos cuenta de que haciendo todo lo contrario podríamos salir del pozo, iniciar un paso que dure ya no un galope que nos agote. Que las reglas tradicionales de conducta son las que nos pueden asegurar un futuro sin esteroides. Que no debemos confundir humanismo con la absolución del cura después de la confesión. El humanismo no se grita, se practica. Nos enseñaría que las rutas cortas en el camino no existen y nunca pagan. Y, como decía mi abuelo; hay muchas cosas que no se pueden comprar, amigos, amores, honestidad, moralidad, reputación del hombre cuya palabra es sagrada y, sobre todo, una consciencia tranquila porque siempre hemos actuado correctamente.

Aprenderíamos, también, que la administración por terror combinada con soberbia solo atrae a gente de corazón corrupto. Y cuando los tiranos establecen esas estructuras, les llega un final como el de Hitler, Mussolini, Nicolae Ceausescu Saddam Hussein o la de Muammar Gaddafi.

En el conglomerado coreano el hijo que tanto despreciaban, para sorpresa de todos, iniciaba un movimiento cuando, tratando de ayudar a las víctimas de su padre, encontrara las alcantarillas donde se ocultaba todos los crímenes cometidos por su padre. Y, se le presentaba la encrucijada de dos caminos, uno era el fácil cuando, para callar, le ofreciera su padre la presidencia del grupo. El otro era el difícil, el penoso, pero era el correcto, el de los principios, de la moralidad, pero la incertidumbre en su futuro. Escogió el segundo, el que le dictaba su consciencia. Pero, a veces, lo correcto paga, al ir su padre a la cárcel, el Consejo lo nombre presidente del Grupo porque con sus acciones mostraba tener lo requerido.      

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