Columna: Nada Personal.
Por: Carlos Alberto Gutiérrez Celaya
En Sonora, el deporte vuelve a colocarse en el centro de una discusión que va más allá de quién ganó una medalla o quién levantó un trofeo. La elección del Premio Estatal del Deporte 2026, que organiza Codeson en Sonora, dejó nombres que merecen reconocimiento, pero también abrió una conversación necesaria sobre los criterios de evaluación, la transparencia y la urgencia de otorgar al deporte adaptado el espacio que sus resultados exigen.
Comencemos por lo esencial: nadie debe poner en duda el mérito de los ganadores sin pruebas, pero tampoco debe confundirse el respeto a los galardonados con la obligación de guardar silencio ante las dudas que surgen del proceso.
El paratleta de boccia Rogelio Alexis González Quiroz obtuvo el primer lugar en la categoría de Atleta, con 83 votos; el entrenador de softbol Carlos Parra Trujillo ganó con 93 sufragios, mientras que el karateca Brandon Bojórquez se llevó el reconocimiento como Prospecto, destinado a deportistas de 15 años o menos.
Son resultados que deben respetarse. En particular, el reconocimiento a Alexis González, representa una oportunidad para visibilizar los logros del deporte adaptado y recordar que el talento deportivo no puede medirse desde una sola disciplina ni bajo una única perspectiva.
Sin embargo, la discusión no termina con la entrega de una medalla o la publicación de los nombres ganadores. El verdadero reto es garantizar que todos los aspirantes sean evaluados con criterios sólidos, que sus resultados puedan compararse de manera justa y que la comunidad deportiva tenga confianza en el procedimiento.

¿Un jurado puede evaluar lo que no conoce?
Uno de los cuestionamientos que se escuchan en torno a este tipo de elecciones es el conocimiento real que tienen los integrantes del jurado sobre los deportistas, sus disciplinas y las circunstancias en las que consiguieron sus resultados.
De acuerdo con la información difundida por Codeson, participaron 26 aspirantes: 19 en la categoría de Atleta y siete en Entrenador. El jurado estuvo integrado por diez personas, entre ellas tres representantes de medios de comunicación, dos de asociaciones deportivas, dos ganadores anteriores del Premio y tres personalidades vinculadas al ámbito deportivo.
La integración plural de un jurado es positiva, pero abre una pregunta legítima: ¿qué herramientas reciben sus integrantes para valorar de manera objetiva resultados de disciplinas tan distintas como boccia, tiro deportivo, gimnasia, karate, softbol o luchas asociadas?
No se trata de afirmar que los jueces desconocen necesariamente a los candidatos ni de insinuar que hubo irregularidades. Para sostener una acusación de esa naturaleza harían falta pruebas. El punto es otro: cuando se evalúan disciplinas con reglamentos, niveles de competencia y exigencias diferentes, no basta con leer un resumen de medallas. Es indispensable comprender el alcance de cada resultado, el nivel del torneo, la cantidad y calidad de los rivales, las marcas obtenidas y la importancia deportiva de cada logro.
La experiencia periodística, el conocimiento técnico y la trayectoria institucional pueden complementarse. Pero, para que esa combinación produzca confianza, Codeson debe procurar que los criterios sean claros, uniformes y verificables. La transparencia no consiste únicamente en anunciar quién ganó, sino también en explicar cómo se llegó a esa decisión.
No basta con revisar una lista de medallas. Para evaluar con rigor es necesario considerar el nivel de la competencia, la calidad de los rivales, la relevancia del resultado y la trayectoria deportiva. El conocimiento periodístico y la experiencia técnica pueden complementarse, siempre que existan criterios claros y aplicados de manera uniforme.

El deporte adaptado merece una categoría propia
Aquí se encuentra uno de los puntos más importantes de esta discusión. Sonora necesita revisar el diseño del Premio Estatal del Deporte para reconocer la magnitud de los resultados que consiguen sus atletas y entrenadores, tanto del deporte convencional como del adaptado.
La categoría actual de Atleta incluye a deportistas convencionales y paratletas en una misma competencia por el reconocimiento principal. Esa fórmula puede cumplir con las bases vigentes, pero merece revisarse a la luz de la diversidad de disciplinas y de los logros alcanzados.
¿Por qué no crear el Premio al Paratleta del Año y el reconocimiento al Entrenador del Deporte Adaptado? ¿Por qué no ampliar, con criterios previamente establecidos, el número de galardonados para reconocer a cuatro o cinco atletas sobresalientes, en lugar de concentrar el máximo reconocimiento en una sola persona?
No se trata de repartir premios por compromiso, ni de garantizar reconocimientos a todos los participantes. Se trata de construir categorías que permitan comparar méritos deportivos equivalentes y dar visibilidad a logros que, por sus características, pueden quedar relegados cuando se enfrentan disciplinas con dinámicas distintas.
El deporte adaptado no necesita una concesión ni una categoría de menor importancia. Necesita condiciones de reconocimiento equivalentes, estímulos dignos y una política institucional que valore sus resultados con la misma seriedad que los del deporte convencional.
Y no es una propuesta imposible. En Sinaloa, la convocatoria del Premio Estatal del Deporte 2026 contempla categorías diferenciadas para deportista convencional, deportista paralímpico, entrenador convencional y entrenador paralímpico, con estímulos económicos para los primeros tres lugares de cada una.
Ese modelo no significa que Sonora deba copiar automáticamente la estructura de otra entidad. Demuestra que existen alternativas para estudiar, presupuestar y adaptar a las necesidades del deporte sonorense.

Los recursos no deben ser una excusa permanente
Si el argumento para no separar categorías es presupuestal, entonces corresponde a las autoridades explicar cuánto costaría ampliar el reconocimiento y qué opciones existen para financiarlo.
La convocatoria sonorense tuvo una bolsa de 190 mil pesos para el Premio Estatal del Deporte 2026, distribuida entre los rubros y lugares contemplados en las bases.
Ante esa realidad, el Gobierno estatal y Codeson pueden explorar convenios con empresas, fundaciones y patrocinadores, además de diseñar una ceremonia de premiación que reconozca a los protagonistas del deporte con la dignidad que merecen. La participación privada puede ayudar, siempre que existan reglas claras, transparencia financiera y respeto a la autonomía del proceso de selección.
No todo se resuelve con dinero, pero tampoco se puede hablar de una política deportiva integral si el reconocimiento a los resultados queda limitado por falta de imaginación administrativa o por una estructura que ya no responde a la diversidad del deporte actual.

Una oportunidad para corregir y fortalecer
La elección de 2026 ya tiene ganadores. Lo que corresponde ahora es reconocerlos, escuchar a quienes expresan inconformidades y revisar los procedimientos sin convertir las diferencias de opinión en acusaciones sin sustento.
Codeson y el Gobierno de Sonora tienen la oportunidad de fortalecer este premio mediante criterios públicos de evaluación, expedientes deportivos completos, capacitación para los jurados, explicación clara de las reglas y una revisión de las categorías para futuras ediciones.
Si existen cuestionamientos de atletas o entrenadores que consideran que sus logros no fueron suficientemente valorados, la respuesta institucional no debe ser descalificarlos ni asumir que toda crítica implica una irregularidad. Debe consistir en escuchar, informar y ofrecer claridad.
Porque el Premio Estatal del Deporte no es propiedad de una administración ni de una sola disciplina. Pertenece, en sentido público, a la comunidad deportiva que entrena, compite, representa a Sonora y espera que sus esfuerzos sean evaluados con justicia.
Reconocer a los ganadores es indispensable. Garantizar la confianza en el proceso también. Si Sonora aspira a consolidar una política deportiva seria, el premio debe evolucionar: más transparencia, mejores criterios y un reconocimiento al deporte adaptado que esté a la altura de sus logros.
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