Les robaron el partido… sin pisar el emparrillado
Columna: Nada Personal.
Autor: Carlos Alberto Gutiérrez Celaya
Director General
Lo más doloroso de una derrota no siempre es perder. A veces es no tener siquiera la oportunidad de competir. Hay derrotas que se aceptan con la frente en alto. Y hay otras que simplemente no se entienden.
La cancelación de la participación de la Selección Sonora Juvenil en el Campeonato Nacional de Fútbol Americano, que se celebrará en Chihuahua, no dejó únicamente un lugar vacío en el calendario deportivo. Dejó un sentimiento de frustración entre decenas de jóvenes que durante meses entrenaron con disciplina, sacrificio y la ilusión de representar dignamente a Sonora.
Ellos hicieron su trabajo. Acudieron al try out estatal celebrado el pasado 14 de junio en Hermosillo, se sometieron al proceso de evaluación, fueron integrados en una relación de jugadores seleccionados y continuaron preparándose para vestir el uniforme de Sonora.
Sin embargo, el partido terminó antes de comenzar.
La explicación ofrecida por el presidente de la Asociación Estatal de Flag y Fútbol Americano de Sonora, Armando Castillo, fue que no se logró reunir el mínimo de 42 jugadores necesarios para competir. Una versión que, lejos de cerrar el tema, abrió nuevas interrogantes entre padres de familia, entrenadores y jugadores, quienes aseguran que existía una lista de seleccionados derivada del proceso de visorías.

¿Qué ocurrió entre esa convocatoria y la cancelación del viaje?
Esa es la pregunta que sigue sin respuesta.
Este espacio buscó una explicación adicional. La respuesta del dirigente fue: “Por estatutos no te puedo dar detalles, los asuntos se analizan en la asamblea para tratar de solucionar, promover y mejorar el flag y football.”
Una postura respetable, pero insuficiente para quienes invirtieron tiempo, recursos económicos y confianza en un proyecto que terminó sin llegar al campo de juego.
Porque cuando una decisión afecta a menores de edad, a sus familias y a entrenadores que dedicaron meses de trabajo, la transparencia no debería ser opcional. Debería ser parte de la responsabilidad de cualquier organismo deportivo.
Más aún cuando el propio presidente de la Asociación reconoció una realidad preocupante: hace algunos años Hermosillo contaba con alrededor de diez equipos de fútbol americano y hoy apenas sobrevive uno.
Más preocupante aún resulta recordar que Sonora no siempre vivió esta realidad. Durante años, el fútbol americano sonorense fue reconocido a nivel nacional por la calidad de sus jugadores y entrenadores. No era extraño ver a jóvenes sonorenses portar los colores de Linces de la Universidad del Valle de México, de los Borregos del Tecnológico de Monterrey o de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP), programas que históricamente figuraron entre los más importantes del país.
Los buscadores de talento recorrían Hermosillo, Ciudad Obregón, Nogales y otras ciudades porque sabían que en Sonora había atletas con disciplina, carácter y nivel competitivo para jugar en la máxima categoría universitaria.

Hoy, en cambio, la conversación ya no gira en torno a cuántos jugadores emigrarán para fortalecer a las grandes universidades del país, sino a si el estado puede reunir los suficientes para integrar una selección. Esa sola comparación refleja el tamaño del retroceso.
Entonces el problema no comenzó con la cancelación de un viaje. Comenzó hace pocos años y obliga a una reflexión profunda sobre el trabajo de promoción, desarrollo y fortalecimiento de este deporte.
Aquí también debe entrar la Comisión del Deporte del Estado de Sonora.
Codeson no puede permanecer como un simple observador cuando una disciplina histórica atraviesa una crisis de esta magnitud. Sin invadir la autonomía de las asociaciones, sí le corresponde ejercer un liderazgo institucional, convocar al diálogo, revisar qué está ocurriendo y generar condiciones para que deportes como el fútbol americano recuperen el terreno perdido.
Porque detrás de cada casco hay un joven que encontró en el deporte un camino de disciplina y superación.
Y detrás de cada uno de ellos hay padres de familia que hicieron esfuerzos económicos, ajustaron horarios, recorrieron kilómetros y confiaron en que el talento y el trabajo serían suficientes para representar a Sonora.

Sonora fue, durante décadas, una tierra donde nacían jugadores capaces de competir con los mejores del país. Hoy, la discusión ya no es cuántos llegarán a los grandes programas universitarios, sino por qué una selección estatal no pudo presentarse a un campeonato nacional.
Las crisis deportivas no aparecen de un día para otro. Se construyen con años de desinterés, falta de promoción y ausencia de liderazgo.
Ojalá esta historia no termine con un viaje cancelado, sino que marque el inicio de una profunda reflexión para rescatar un deporte que le dio prestigio a Sonora y oportunidades a cientos de jóvenes.
Porque los campeonatos pueden perderse en el emparrillado, pero el prestigio de un deporte se pierde cuando dejamos de creer en quienes lo representan.
Hoy, padres de familia, atletas y la comunidad no reclaman una medalla, reclaman una explicación, porque los campeonatos pueden ganarse o perderse en el emparrillado, pero los sueños de nuestros jóvenes nunca deberían quedarse varados en un escritorio.
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