Columna: Nada Personal
Autor: Carlos Alberto Gutiérrez Celaya
En el deporte, como en la vida, hay momentos que ponen a prueba algo más que la capacidad física. Este fin de semana, 47 deportistas y entrenadores sonorenses vivieron una experiencia que trascendió el tatami y que obligó a la autoridad deportiva estatal a actuar con cabeza fría y sensibilidad.
Los jóvenes judocas, quienes acudieron al Torneo Nacional de Judo “Tomoyoshi Yamaguchi” en Tlaxcala, quedaron varados luego de los hechos violentos registrados en el sur del país, particularmente en Jalisco y otras entidades, tras la detención y posterior muerte del “Mencho”. El plan original contemplaba el traslado por carretera, pero el contexto nacional encendió las alarmas entre madres y padres de familia.
La inquietud fue legítima. El domingo, varios padres manifestaron su preocupación ante el riesgo de que sus hijos viajaran en medio de un escenario incierto. En tiempos donde la información fluye a velocidad vertiginosa y el miedo se multiplica en redes sociales, la comunicación clara y oportuna se vuelve fundamental.
Ahí es donde entra la figura de Erubiel Durazo, director de la Comisión del Deporte del Estado de Sonora (Codeson), quien confirmó que los 47 integrantes de la delegación regresarán este martes a Hermosillo en dos vuelos distintos desde la Ciudad de México, con la previsión de arribar alrededor de las 21:00 horas.
La decisión no fue improvisada. Desde el domingo se determinó que los atletas permanecieran un día más en el hotel en Tlaxcala, medida que se volvió a aplicar mientras se gestionaban los vuelos. En otras palabras, se privilegió la seguridad sobre la prisa.
“Desde el domingo se habló con los papás y entiendo la desesperación nacional, pero la situación la estábamos buscando de hacerla de la mejor manera para los niños y para la seguridad de todos”, expresó Durazo. La frase retrata un aspecto que muchas veces pasa desapercibido en la gestión deportiva: el trato humano.
Porque dirigir el deporte estatal no se limita a gestionar presupuestos, uniformes o competencias. Implica tomar decisiones bajo presión, responder a la angustia de decenas de familias y, sobre todo, asumir la responsabilidad de salvaguardar la integridad de menores de edad que representan a Sonora con orgullo.
En medio de la incertidumbre nacional, Codeson optó por la prudencia: extender la estancia, evitar traslados por carretera y garantizar el regreso vía aérea. No fue una reacción impulsiva, sino una medida calculada ante un contexto cambiante.
Este episodio deja varias lecturas. La primera, que el deporte formativo no puede desligarse de la realidad social del país. La segunda, que la comunicación directa con las familias es clave para evitar especulaciones. Y la tercera, que en momentos críticos se revela el talante de quienes encabezan las instituciones.
Hoy, más allá de medallas o resultados en el tatami, la noticia más importante es que 47 sonorenses volverán a casa sanos y salvos. Y en ese resultado, silencioso pero fundamental, hay una gestión que entendió que la prioridad no era el calendario competitivo, sino la tranquilidad de las familias y la seguridad de sus atletas.
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