Pachuca golea (8-2 global) a Toluca y obtiene séptimo título


En el futbol hay campeones que juegan con grandeza, caso de este Pachuca que levantó su séptimo título liguero con un global de 8-2, después del 3-1 en los 90 minutos complementarios, frente a un Toluca limitado a su papel de telonero en la gran fiesta hidalguense.

En el futbol hay campeones que juegan con grandeza, caso de este Pachuca que levantó su séptimo título liguero con un global de 8-2, después del 3-1 en los 90 minutos complementarios, frente a un Toluca limitado a su papel de telonero en la gran fiesta hidalguense.

Después de la pasada final con el Atlas, Guillermo Almada reconfiguró el tejido interno de su equipo con obsesivo trabajo. Lo paradójico es que la derrota lo agigantó como un técnico de primerísimo nivel. Veteranos que dejan la batalla agotados y jóvenes que los reemplazan dispuestos a comerse al rival. Ese es el sello de los Tuzos. Un grupo que intenta y no se rinde, ni siquiera cuando el Toluca consiguió hacerle daño.

Llegado el minuto 20, un zapatazo de Raúl ‘Dedos’ López desde fuera del área sorprendió al arquero Oscar Ustari, cómplice de un pique traicionero en su zona de seguridad, para darle vida a los Diablos con el 0-1. El golpe fue tan repentino que cambió la energía de los seguidores tuzos, no por el marcador, sino porque el Pachuca no pasaba del medio campo. Después de mucho intentarlo, encontró la solución.

Una error de Jean Meneses, producto del nerviosismo y la desconcentración, llevó a Nicolás Ibález al manchón penal luego de una mano cerca de la medialuna. El argentino estrelló su remate ante Tiago Volpi, pero, en el siguiente tiro de esquina, Víctor Guzmán igualó los cartones aprovechando un rebote (45+3). Al ritmo de “dale, campeón, dale, campeón” se reanudaron entonces los festejos.

El complemento fue un final feliz para la fiesta hidalguenses. No sólo porque Ibáñez hizo el 2-1 (51) y Gustavo Cabral el tercero (75), sino también por los cientos de globos y banderas que colorearon las gradas del Hidalgo. Un estandarte gigante del legendario Miguel Calero, símbolo de esta institución, recordó todo aquello que el colombiano no pudo ver después de su muerte. Partidos y finales inolvidables como la de ayer.

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