LA LEY DE HERODES GRINGA EN ESTEROIDES


Ricardo Valenzuela

En el verano de 1992, asistí a una cena en Nueva York que le ofrecían al gran Bob Bartley quien se retiraba como editor del Wall Street Journal. Había establecido relación con él a través de mi amigo Art Laffer y eso me valía un lugar en su mesa en la cual también estaba Ted Forstmann, cabeza de Forstmann Little & Company, uno de los Investment Bankers más exitosos de EU. Unas semanas antes, un tipo de nombre Carl Weinberg originario de Filadelfia, al enterarse que mi primo El Peque Torres era congresista mexicano, con gran insistencia me pedía una carta de El Peque dirigida a un senador para mi totalmente desconocido, con el propósito de iniciar una relación con quien, según este hombre, sería presidente de los EU.

El Peque, sin problemas me entregaba la carta en documentación del congreso federal y en los términos solicitados y, ya recibida por el senador, expresaba su interés de conocer al congresista mexicano quien, además, era presidente de la Confederación Ganadera Mexicana, y era hora de iniciar una logística para ello. En la cena en NY le comentaba a Bob Bartley lo que me proponía hacer. Me sorprendió la cara de sorpresa de Bob, pero, sobre todo, la reacción de Ted Forstmann que irrumpe para decirme; “Perdóname, Ricardo, pero, tu o yo, tenemos mejores posibilidades de llegar a la presidencia de este país. Ese tipo es de la peor especie que circulan en Washington. No solo es incompetente, es también la peor representación de la corrupción que cada día crece en la capital de este país”. 

Procedió luego a listar una serie interminable de operaciones de corrupción ejecutadas por el senador y su familia. Sus mentiras acerca de sus días en la universidad, su gran afición para plagiar discursos ajenos, su tendencia a ser demasiado cariñoso con niñas. Y cerraba diciéndome. “Te repito que tenemos más posibilidades nosotros de llegar a la presidencia. Pero, si algún día este país ubique en la Casa Blanca un hombre del calibre de este senador, será una inequívoca señal que EU ha iniciado su decadencia”. Como, antes de recibir esa solicitud no tenía idea de quien era ese político, decidí archivar el asunto ante la furia de Weinberg quien hasta amenazaba con demandarme.

A veces recordaba el incidente, pero, nunca hubiera ubicado quien era el senador de EU. Hace unos días, en una de esas limpiezas de files acumulados durante años, me encuentro con ese expediente formado hace 30 años. Al abrirlo e iniciar la lectura de su contenido, no podía creer que el hombre que me describiera Ted Forstmann en aquella cena en Nueva York, fuera nada menos quien en estos momentos ocupa la presidencia del país más poderoso del mundo, Joe Biden. Temblaba al recordar las palabras de aquel hombre: “El día que este país ubique en la Casa Blanca a un hombre del calibre de Biden, será la señal más clara de su decadencia”

Pasaba luego a reprocharme ¿Cómo había sido posible que hubiera olvidado el nombre de quien mi viejo amigo me advirtiera? Han pasado más de 30 años en los que, supuestamente, EU hubiera tenido una evolución económica, política, tecnológica y, sobre todo, moral y repentinamente, de nuevo escucho las palabras de Bob Bartley casi de ultratumba como un reclamo por haber perdido el camino y nos dirigimos hacia la misma selva en la que situara al país Jimmy Carter en los años 70, y que solo la providencia de Reagan lo rescatara.

Luego penetran mis oídos las palabras de Reagan en 1980 dirigiéndose al pueblo de EU con esta pregunta ¿Ustedes sienten estar mejor que hace 4 años? Estoy seguro de que ahí ganaba la elección de forma apabullante. Creo, también, que en estos momentos sería válida la pregunta a los americanos y al mundo entero ¿Estamos mejor que hace 40 años cuando la gente rescatara el país de la ineptitud de Carter? ¿Qué sucedió con los 8 años de vacas gordas que tan sabiamente describiera Bartley en su libro? Porque el panorama de EU y del mundo en estos momentos es horrorosamente similar al que tuviera que enfrentar Ronald Reagan para rescatarlo de la Estagflación de Carter.

También, veremos la similitud de la entrega del país de Reagan a Bush I quien de inmediato enseñara las cartas del Nuevo Orden Mundial revelando sus credenciales del EP, para, después de 8 años de vacas gordas, regresar el país a la explotación de las elites globales sedientas de guerra, impresión de dinero y endeudamiento. El grave problema que, después de 30 años del país en caída libre, tuviera la respuesta con la elección del 2016 y las vacas gordas de Trump, solo que en esta ocasión serian solo de 4 años. A la elite global le había tomado 4 presidencias y 28 años de sus ataques para borrar el paso de Reagan por la Casa Blanca. Pero, para borrar las huellas de Trump de solo 4, requerían de un verdadero Terminator y fue lo que consiguieron.

Ronald Reagan hizo más que cualquier otro ser humano durante la segunda mitad del siglo 20 para moldear el mundo en libertad, sin embargo, él mismo y su presidencia permanecen sin entenderse o malentendidos. Donald Trump, en cuatro años hizo el equivalente de los 8 de Reagan y, además, la destrucción de Carter solo había durado cuatro y el trabajo era más lograble. La destrucción que tuvo que enfrentar Trump fue provocada por cuatro presidentes y 28 años de sus ataques. Pero, Reagan fue una figura misteriosa y solo conocimos al Reagan público, y casi nadie conoció al privado. Al abandonar la Casa Blanca todos sabían era un acto difícil de seguir. Pero, su heredero, de inmediato se distancio de quien lo llevara a la presidencia.

Pasarían 28 años para la emergencia de alguien con las credenciales que nos hicieran recordar al mago de las comunicaciones. Muchos, tal vez demasiado jóvenes, no conocerían la obra de Reagan. Donald Trump, con infinidad de perfiles similares, a diferencia de Reagan, personalmente no escondía nada. Era más agresivo, más temerario y, por supuesto, no portaba el carisma de su héroe. Pero, aun con sus pasivos era el hombre ideal para ese momento histórico en que el EP había avanzado como no lo hubiera hecho los últimos 70 años. Y, la paradoja fue que, lo que hubiera logrado en solo 4 años, fue su sentencia de muerte. Víctima de su propio éxito.

Su agresividad para para actuar y ejecutar, su temeridad para enfrentarlos, desde su elección provocaba el pánico y, como en la cinta “Apocalipsis Now”, había que neutralizarlo usando “prejuicio extremo”. Lo que necesitaban era un payaso en la Casa Blanca. Alguien, como el loco Vidal de Sahuaripa, comandando sus ejércitos imaginarios. En pocas palabras, lo seleccionaban como en la cinta La Ley de Herodes, por ser el más pendejo que pudieron encontrar. Y, yo, inocente pendejo, se me había olvidado qué en 1990 estuve a punto de reunirlo con el Peque Torres, aunque estoy seguro de que para el Peque hubiera sido muy divertido escuchar tantas pendejadas.            

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