Naranjeros: el aficionado paga, el estadio debe responder
Columna: Nada Personal.
Autor: Carlos Alberto Gutiérrez Celaya
La visita de Ariadna Montiel Reyes, dirigente nacional de Morena, a Sonora no fue una simple escala partidista. Llegó en medio de una inconformidad interna que puso sobre la mesa una pregunta incómoda para el movimiento: ¿Cómo se construye la unidad cuando algunos de sus propios cuadros consideran que no tuvieron condiciones para competir?.
El asunto tiene nombre y apellido. Célida López Cárdenas fue designada coordinadora municipal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Hermosillo, mientras que Wendy Briceño Zuloaga manifestó su desacuerdo con el procedimiento y dijo que está considerando abandonar Morena después de 12 años de militancia. Hasta el momento de las declaraciones difundidas durante la visita, Briceño no había anunciado formalmente su renuncia.
Montiel defendió la designación de Célida y sostuvo que la decisión se sustentó en una encuesta que, según afirmó, fue pública y transparente. La dirigente nacional insistió en que no se trató de una determinación subjetiva de la dirigencia, sino de un resultado derivado de la opinión de la gente.
También reconoció la trayectoria de quienes participaron y no obtuvieron la coordinación. Sobre Wendy Briceño, fue más allá de una declaración protocolaria: confirmó que ya había tenido comunicación con ella y expresó su intención de buscarla para conversar y escuchar sus inquietudes. “Los cuadros no se dan en macetas”, señaló, en referencia a la importancia de preservar a quienes han contribuido a construir el movimiento.
Pero aquí comienza el verdadero análisis político.
Respaldar una decisión no significa que la discusión interna haya terminado. La dirigencia nacional puede defender el procedimiento y argumentar que la convocatoria contemplaba facultades para definir las coordinaciones; sin embargo, la inconformidad de una militante con trayectoria evidencia que también existe una demanda de mayor claridad sobre cómo se toman las decisiones y qué oportunidades tienen los interesados para participar.
Wendy Briceño no cuestionó solamente que Célida López recibiera el nombramiento. Su reclamo, de acuerdo con sus declaraciones públicas, se centra en la forma en que se desarrolló el proceso, la falta de oportunidad para competir y la manera en que se comunicó la decisión. La diferencia es importante: una cosa es perder una contienda bajo reglas conocidas y otra es considerar que nunca se tuvieron condiciones claras para participar.
La dirigente nacional afirmó que la decisión provino de una encuesta. La discusión pública, por tanto, exige precisar qué instrumento se aplicó para la coordinación municipal, cuáles fueron sus resultados, quiénes participaron y dónde puede consultarse la información correspondiente. En la cobertura local también surgieron cuestionamientos sobre la disponibilidad de los resultados específicos de Hermosillo. Publicar y explicar esa información ayudaría a dar mayor certeza a la militancia.
En este contexto, Célida López tiene una responsabilidad política adicional. Su nombramiento la coloca al frente de las tareas de organización de Morena en la capital sonorense, pero el desafío no consiste únicamente en construir estructura y preparar el trabajo rumbo a 2027. También deberá contribuir a generar condiciones de diálogo con quienes consideran que el procedimiento no fue satisfactorio.
Es importante precisar que la coordinación municipal no equivale, por sí misma, a una candidatura formal. Se trata de una responsabilidad partidista dentro de la organización política rumbo al siguiente proceso electoral. Convertirla anticipadamente en una candidatura definitiva sería dar por cerrado un proceso que todavía tiene etapas por delante.
La propia Célida declaró que la eventual salida de Wendy sería una pérdida importante para el movimiento y que comprende su malestar. Además, llamó a buscar el diálogo. Ese mensaje coincide con la postura expresada por Montiel: conservar a los cuadros políticos y evitar que una diferencia interna termine en una ruptura.
Sin embargo, el diálogo no puede limitarse a una fotografía, una llamada o una invitación para incorporarse a otras tareas. Si la inconformidad está relacionada con las reglas del proceso, la respuesta tendría que incluir explicaciones concretas, transparencia sobre los mecanismos de decisión y garantías de participación para futuras contiendas internas.
Tampoco debe darse por hecho que Wendy abandonará Morena. Ella expresó que analiza esa posibilidad, pero una decisión de esa magnitud corresponde únicamente a la propia interesada. Lo que sí está sobre la mesa es un desacuerdo público que la dirigencia necesita atender si busca evitar que las diferencias se conviertan en una fractura mayor.
La visita de Ariadna Montiel deja así una tarea para las distintas partes: a la dirigencia nacional, explicar con claridad el procedimiento; a Célida López, abrir espacios reales de interlocución; y a Wendy Briceño, decidir qué camino seguirá después de expresar sus inconformidades.
Morena ha construido parte de su identidad política alrededor de la participación popular y la transformación de las prácticas tradicionales. Por eso, las decisiones internas no sólo tienen que ser defendibles desde el punto de vista estatutario: también deben generar confianza entre quienes forman parte de la organización.
Ariadna Montiel respaldó a Célida López y expresó su interés en conversar con Wendy Briceño. Ahora habrá que observar si ese acercamiento produce respuestas concretas y si la inconformidad encuentra una salida que respete tanto las reglas partidistas como la participación de la militancia.
Porque la verdadera prueba no está en declarar que Morena permanece unido, sino en demostrar que puede procesar sus desacuerdos sin perder el diálogo con quienes han contribuido a su crecimiento.

Naranjeros: el aficionado paga, el estadio debe responder
En el béisbol profesional, la experiencia del aficionado no termina con el último out ni comienza con el primer lanzamiento. Empieza desde que llega al estadio, busca estacionamiento, camina hacia las tribunas, ocupa su butaca y espera disfrutar un espectáculo a la altura de la historia de los Naranjeros de Hermosillo.
Por eso, los señalamientos sobre las condiciones del Estadio “Fernando Valenzuela” en redes sociales, durante el juego inaugural de la temporada 2026-2027 merecen atención. La incomodidad provocada por los reposabrazos de las butacas, los nombres de abonados sin actualizar y las banquetas obstruidas por maleza no son detalles que deban despacharse con un simple “son cosas que pasan”.
Hablamos de una organización con una de las aficiones más apasionadas del béisbol mexicano, pero también de un negocio deportivo que comercializa boletos y abonos por miles de pesos. Y aquí surge una pregunta elemental: ¿qué tan exigente es la organización con el aficionado al momento de cobrar y qué tan exigente es consigo misma al momento de ofrecer el servicio?.
Los precios de abonos que van de los 4 mil 200 a los 17 mil 700 pesos para la temporada, y de 6 mil 800 a 25 mil 450 pesos en la oferta relacionada con la Serie del Caribe. Esas cantidades elevan las expectativas del público. Quien paga por anticipado no compra únicamente un asiento: espera instalaciones limpias, butacas en condiciones adecuadas, accesos seguros y una atención que corresponda a la inversión realizada.
Conviene precisar que la molestia descrita en los codos no demuestra, por sí misma, qué material o condición la provocó. Eso debe revisarse técnicamente. Pero precisamente ahí está el punto: si varios aficionados reportan incomodidad, la respuesta responsable es inspeccionar los asientos, limpiar o reparar lo necesario e informar qué medidas se tomaron. No minimizar la queja ni esperar a que se convierta en un problema mayor.
También está el asunto de las banquetas sobre la calle Fausto Soto Silva y la prolongación del bulevar Serna. La maleza dificulta el paso peatonal, el problema va más allá de la imagen del estadio: tiene que ver con la accesibilidad y la seguridad de quienes acuden a los juegos.
Y hay un elemento que vuelve más urgente esta discusión: la Serie del Caribe Hermosillo 2027, programada del 1 al 7 de febrero.
La pregunta es inevitable: si se pretende recibir a miles de aficionados de México y otros países, ¿están contemplados en la preparación del inmueble los detalles cotidianos que determinan la calidad del servicio? Porque una remodelación no se mide solamente por lo que luce en fotografías o por las áreas que se muestran durante un recorrido oficial. También se mide por una butaca cómoda, un acceso transitable, sanitarios limpios, señalización adecuada y personal capaz de atender una queja.
Naranjeros es una institución histórica y su afición merece respeto. Precisamente por eso, señalar deficiencias no significa estar en contra del equipo. Al contrario: significa exigir que una marca deportiva tan importante cuide cada aspecto de su relación con el público. La lealtad de los aficionados no debe convertirse en una excusa para tolerar fallas.
Lo razonable sería que la administración del estadio revisara los señalamientos, verificara las condiciones de las butacas, atendiera la maleza en los accesos peatonales y comunicara las acciones correctivas. También sería oportuno establecer un canal sencillo para recibir reportes durante la temporada.
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