Wendy Briceño, ¿un adiós a Morena?
Columna: Nada Personal.
Autor: Carlos Alberto Gutiérrez Celaya
En el periodismo deportivo hay nombres que trascienden las páginas de los periódicos, los micrófonos de la radio y las cámaras de televisión. Personajes que, con su trabajo, construyen memoria, forman generaciones y se convierten en referentes de una profesión que exige pasión, conocimiento y compromiso. En Hermosillo, uno de esos nombres es Carlos Fidencio Casillas Álvarez.
Por eso merece reconocimiento la iniciativa de la Mesa de Cronistas Deportivos de Hermosillo de proponerlo para ingresar al Salón de la Fama del Deportista Sonorense 2026. No se trata solamente de respaldar una candidatura, sino de reconocer una trayectoria que representa parte de la historia de la crónica deportiva de Sonora.
La propuesta también tiene un significado especial: recuperar la unión de un gremio que durante años ha reunido a cronistas, reporteros y periodistas de prensa escrita, radio y televisión, al que hoy se suman quienes informan desde las redes sociales. Compañeros que el tiempo ha colocado en distintas funciones y responsabilidades, pero que comparten una misma pasión: contar las historias del deporte.
Y en esa historia, Carlos Casillas Álvarez ocupa un lugar relevante por su 60 años de trabajo periodístico, su labor bibliográfica y su aportación como autor de libros dedicados al ámbito deportivo. Porque una cosa es narrar el resultado de un partido y otra muy distinta es investigar, documentar y preservar los acontecimientos para que las nuevas generaciones conozcan sus protagonistas y comprendan su importancia.
Pero el reconocimiento a quienes han dedicado su vida al periodismo deportivo no debe llegar solamente cuando los años comienzan a acumularse. La profesión también tiene la responsabilidad de valorar a sus referentes, rescatar sus aportaciones y reconocer a quienes abrieron camino cuando las condiciones para ejercer el oficio eran muy distintas.
La propuesta de Carlos Casillas Álvarez representa una oportunidad para que el gremio deportivo de Hermosillo fortalezca sus lazos, recupere espacios de convivencia y demuestre que la competencia profesional no está reñida con la solidaridad entre compañeros.
Su trabajo como periodista, investigador y autor de libros ha contribuido a preservar las historias de personajes que han dado identidad al deporte de nuestra tierra.
En Hermosillo, Carlos Fidencio Casillas Álvarez es uno de esos nombres que representan la memoria del periodismo deportivo sonorense. Su trayectoria, iniciada en 1966, suma cinco décadas de trabajo en la crónica, la investigación y la difusión de la historia deportiva. En junio de 2016, colegas y representantes del deporte se reunieron para reconocer sus primeros 50 años de ejercicio profesional.
En el terreno institucional, fue fundador de la Asociación de Cronistas Deportivos de Sonora (ASOCRODES), creada el 10 de junio de 2000, y ocupó su presidencia durante dos periodos. También presidió el Comité Elector del Salón de la Fama del Béisbol Profesional de México y el Consejo Elector del Salón de la Fama del Deportista Sonorense. En 2011 recibió el Premio Nacional Fray Nano, otorgado por la Federación Mexicana de Cronistas Deportivos.
Carlos Casillas Álvarez ha dedicado décadas a documentar el deporte. Hoy, sus compañeros buscan que esa trayectoria también encuentre un espacio en la memoria institucional de Sonora.

Wendy Briceño, ¿un adiós a Morena?
En política, las decisiones de las dirigencias pueden cerrar una puerta, pero también abrir una crisis interna. Y Morena en Sonora enfrenta una de esas pruebas justo cuando comienza a acomodar sus piezas rumbo a las elecciones de 2027.
La inconformidad de Wendy Briceño Zuloaga, quien analiza abandonar el partido después de 12 años de militancia, coloca nuevamente sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué espacio tienen las bases cuando las decisiones sobre los cargos más importantes se toman desde las dirigencias?
El detonante fue la designación de Célida López Cárdenas como coordinadora municipal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Hermosillo, posición que la coloca en la ruta hacia una eventual candidatura a la alcaldía. La decisión llegó después de que Lorenia Valles Sampedro fuera designada para encabezar la coordinación estatal, rumbo a la sucesión gubernamental de 2027.
Wendy Briceño, quien también buscaba participar por Hermosillo, cuestionó la forma en que se resolvió el nombramiento. Consideró que el procedimiento fue antidemocrático y sostuvo que la militancia merecía reglas claras y la oportunidad de competir. Por ahora, ha manifestado que reflexiona sobre su permanencia en Morena, pero no ha formalizado su salida.
Aquí está el fondo político del asunto: no se trata únicamente de quién encabezará los trabajos partidistas en la capital, sino de cómo se administra la inconformidad de quienes han participado en la construcción del movimiento.
La dirigencia puede argumentar que necesita ordenar sus estructuras y definir anticipadamente a sus representantes. Sin embargo, cuando una decisión deja inconformes a perfiles que esperaban participar, el desafío consiste en explicar las reglas, transparentar el procedimiento y evitar que las diferencias terminen convirtiéndose en rupturas.
La posible salida de Briceño tendría un significado político que no debe exagerarse ni minimizarse. Su trayectoria como exdiputada federal y su actual responsabilidad en Banobras le dan presencia pública, pero su eventual renuncia no significaría, por sí sola, una fractura definitiva del partido en Sonora.
La pregunta es qué ocurrirá si la inconformidad se extiende a otros cuadros y militantes que consideran que sus posibilidades de participación quedaron reducidas. La dirigencia tendrá que demostrar si puede mantener la unidad sin convertirla en una exigencia de silencio.
Célida López, por su parte, deberá afrontar el reto de construir respaldo más allá de quienes celebraron su designación. Una coordinación partidista puede abrir camino a una candidatura, pero no sustituye el trabajo político ni resuelve automáticamente las diferencias internas.
En vísperas de 2027, Morena tiene por delante una tarea delicada: conciliar las decisiones de su dirigencia con las expectativas de sus militantes y demostrar que la unidad también puede construirse mediante reglas comprensibles y participación efectiva.
Wendy Briceño todavía tiene que decidir si permanece o se marcha. Mientras tanto, su inconformidad deja una señal que el partido no debería ignorar: las disputas internas no se resuelven únicamente anunciando nombres; también requieren diálogo y respuestas.

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