Moral. El árbol que da moras.


Ricardo Valenzuela

Hace un par de semanas, Culiacán fue arropado por una fiera batalla entre un ejército profesional del narco y elementos de las policías y el ejército mexicano. Fue increíble observar soldados del narco con armamento más sofisticado que los de cualquier ejército de países desarrollados. Y surgió así algo vergonzoso; las fuerzas nacionales se rindieron y la delincuencia pudo rescatar uno de sus líderes. Independientemente del mensaje tétrico al mundo de un México vencido, es también una llamada de atención como la hecha en EU por su fiscal general. En esos mismos días me entero de que un grupo armado invadía el rancho de mi primo Sergio Torres “el peque”, sin saber cuál era su objetivo.

Días después, un grupo de sicarios, como animales rabiosos, acribillaban dos mujeres y siete niños de la comunidad mormona asentados en el norte de Sonora y Chihuahua. Escuchar a Julián LeBaron describir la escena de horror que encontró en el lugar de la masacre, fue algo difícil de visualizar aun para quienes han estado en los campos de batalla. Esta tragedia ha afectado también a EU puesto que las victimas portaban las dos nacionalidades, mexicana y estadounidense. Esto sucede a punto de que Lopez Obrador cumpla un año en la silla presidencial que cada día parece más desierta. 

El fiscal general de los EU, William Barr, ante estudiantes de la Universidad de Notre Dame, afirmó que los ataques a la moralidad del país han provocado a un declive espiritual que se manifiesta en aumento de suicidios, asesinatos, enfermedades mentales, drogadicción y demás jinetes del apocalipsis. Señaló también que esto no es algo emergiendo espontáneamente, es una "destrucción organizada". "Los secularistas han reunido las fuerzas de comunicación masiva, la cultura popular, industria del entretenimiento, la media, la academia, para llevar a cabo un asalto incesante contra los valores tradicionales".

La inmoralidad del sistema político ha hecho del estado de derecho una referencia al pasado, la integridad letra muerta, la verdad arma de los inocentes y, en especial, la ética del congreso un triste edificio en ruinas donde se oficializa el matrimonio del mismo sexo, asesinato de recién nacidos, más de 60 millones de abortos. Niños de primaria saben lo que es un condón, pero no cuanto es 5 por 4. Y cuando un país pierde esos valores, la traición es el lema, la mentira moneda en curso, el asesinato un acontecimiento normal, la maldad es legislada y donde no hay moral la hipocresía es de buen gusto. 

EU se han convertido en un pueblo inmoral y solo queda un recuerdo del valor de sus conductas del pasado. El ataque de la izquierda contra los valores es la punta del iceberg en el estruendoso declive moral.  Pero los líderes de esta avanzada rechazan el aceptar culpa por algo que, para ellos, es la nueva moralidad. Los valores tradicionales ya no son los que rigen la conducta, más bien parece somos guiados por quien afirmara: “Has lo que te dé la gana, siempre y cuando no lo hagas en público ni espantes los caballos”.

Con la explosión de la tecnología, preñada de la nueva inmoralidad, atestiguamos una reconfiguración de la economía tradicional en la cual los resultados ya no son determinados por ciudadanos pacíficos y respetuosos de la ley. En ese moldeado también participa el conflicto incluyendo una violencia sin control en un estadio en el que la moral es un estorbo. Aun ante la ley, en este esquema el individuo con su autointerés ha sido forzado a establecer un balance entre medios legales e ilegales para adquirir recursos, entre producción e intercambio, por un lado, y robo, fraude y extorción por el otro.

Individuos o grupos pueden crear riqueza o simplemente tomar la que otros han creado. Los participantes en este potaje han sido favorecidos por la tecnología proporcionándoles la información requerida de sus posibles víctimas. Cuando un potencial inversionista arriba a México, antes que desempaque su maleta tocan la puerta en el cuarto de su hotel quienes le van a informar del porcentaje a pagar para evitarse problemas. Este fue el caso de la familia LeBaron y las consecuencias al haberse negado a ser extorsionados. Ellos no tuvieron protección del gobierno a pesar de todas sus denuncias.

Mises hacía una profunda afirmación: “El mercado no puede evitar que lleguen a él hombres de corazon corrupto. Pero, si es un mercado libre, el mismo se encarga de expulsarlos”. Es decir, la principal arma para exitosamente navegar en los mercados era la moralidad, pero hemos llegado no solo repudiar tal afirmación, sino actuar totalmente en su contra. Mientras más inmoral sean los participantes, ese mercado los recibe con brazos abiertos para que se sumen a esa bacanal de indecencia y descaro. En los gobiernos ya no existe la moralidad y estos grupos criminales son bienvenidos y se convierten en competencia o en sus socios muy eficientes.

Porque cuando el gobierno roba a sus ciudadanos, todo se vale. Cualquier persona decente estaría en contra de que un segmento de la población viva a expensas de otros. Cuando Dios le dio a Moisés el octavo mandamiento: "No robarás", no dijo no robarías a menos que haya un voto mayoritario en el Congreso. Hay que ayudar a nuestro prójimo. Pero hay que ayudarlo metiendo la mano en el bolsillo de uno mismo. Pero ayudar al necesitado metiendo la mano en los bolsillos de otros, es totalmente reprensible y digno de condena.

Las leyes y reglas por sí solas no producen una sociedad virtuosa. La moralidad es la línea defensiva de la sociedad contra la incivilidad. Aceptando la visión que un estilo de vida es tan bueno como cualquier otro, los absolutos morales ya no son los principios rectores. Ya no hay responsables por malas conductas, aceptamos excusas y ahora todo es permisible pues cada quien establece moral a su elástica conveniencia. El mejor ejemplo es California en donde su nuevo fiscal ha despenalizado la mayoría de los crímenes.

En el mundo priva un gran temor de gobiernos que cada día se alejan de su deber de protección a sus ciudadanos. De hombres diabólicos como George Soros que, como él lo declara, su objetivo es destruir sociedades al ritmo que destruye su moral para subyugarlas. En este potaje cobra gran importancia un sistema judicial invadido por jueces inmorales y activistas que no deciden con la constitución en la mano, sino con esa escala de ordenanzas que parecieran dictadas por Mefistófeles. Campo fértil para el desorden actual.

Esta reflexión parece hecha a la medida del México violento en su tránsito hacia un estado fallido. El mandamiento de no robarás, es un imposible porque los mexicanos tenemos en el ADN su dispensa. Y en referencia al quinto, el “no matar” nunca fue acompañado de a menos que seas narco que revienta los bolsillos de políticos y, si lo haces, te vamos a reportar con tu mamá. Pero si te portas bien, el presidente te va a premiar con cálidos abrazos y ya no se referirá a ti con el fuchi, gúacala. Ahora a los saqueadores tendremos que llamarlos compradores indocumentados, los terroristas luchadores sociales, los asaltantes repartidores de riqueza. Y habremos aceptado como guía la descripción de moral cortesía del alazán tostado: “Moral es un árbol que da moras”.

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