De Primera Mano


Por Francisco Javier Ruiz Quirrín

“El tiempo se encarga de poner a cada quien en su lugar”

CORRÍA EL año 2011 y pronto se cumplirían los primeros doce meses del derrumbe de la pizarra electrónica “Hermosillo Flash”. El 27 de mayo de un año antes se había cumplido el deseo de Guillermo Padrés de hacer pagar al editor de ese medio, Eduardo Gómez Torres, la osadía de desdeñarle en campaña.

José Inés Palafox, entonces titular de obras públicas, dio la orden de que una máquina arrasara con ese medio de comunicación, a pesar de que estaba en funciones. “Ya me anda por echármelo”, dijo Palafox. Cuando se consumó el hecho, junto a él, Jorge Morales, entonces principal firma de comunicación social, disfrutaba del espectáculo desde la plaza “Emiliana de Zubeldía”.

En ese tiempo el secretario de gobierno era Héctor Larios Córdova. Un hombre prudente y mesurado que sabía escuchar. Esa forma de ser, más su inteligencia, le había permitido algunos éxitos a favor del gobierno “padresista”. Acudí a él y le hablé en términos de llevar a cabo un ejercicio político. No podíamos hablar de tribunales; para esto están los abogados.

-Ya son ustedes gobierno y creo, están obligados a sumar; a dejar atrás los agravios. No tomen el riesgo de pasar a la historia como un gobierno que desapareció de la manera más cruel un reconocido medio de comunicación. Citen a don Eduardo Gómez Torres –quien además ha deteriorado mucho su salud- y lleguen  un acuerdo. Él sólo desea colocar su “Hermosillo Flash” en otro lado de la ciudad.

Larios, al escuchar mi petición, recordó que el mover el “Flash” a otra parte dependía del entonces alcalde Javier Gándara Magaña, “quien no quería saber nada de Gómez Torres”, pero que le parecía una muy buena acción amistosa la intención de llegar a un acuerdo y tratar de arreglar las cosas.

-Tengo qué verlo con el Gobernador. Yo te digo-, concluyó ese día la conversación con el secretario de gobierno.

No recuerdo con exactitud cuántos días transcurrieron, pero llegó el momento en que decidí llamar a Larios Córdova. Me tomó la llamada y me comentó: “Qué bueno que me llamas. Vi al asunto con el gobernador y la verdad, me dijo, no va a hacer nada. Nos atenemos a lo que digan los tribunales”.

Ahí comprendí que Guillermo Padrés nunca perdonó a Gómez Torres y a “Hermosillo Flash” que haya dado preferencias en la cobertura y la publicidad de campaña por la gubernatura, al priísta Alfonso Elías Serrano.

Y todo dependió de los tribunales. Antes de concluir su administración, Gándara Magaña recibió un primer revés de parte del Juzgado donde se llevaba el juicio, haciendo caso omiso y determinando dejarle a su sucesor, Alejandro López Caballero, las consecuencias.

Los tribunales siempre le dieron la razón a Gómez Torres. Semanas antes de fallecer, el creador y director de “Hermosillo Flash” se quejó amargamente porque el presidente municipal se resistía a acatar la condena en contra del Ayuntamiento para resarcir el daño contra la pizarra electrónica.

Alcancé a decirle: “Don Lalo, mientras Padrés sea gobernador, ninguna de sus gentes se acercará a usted y, además, lo sabemos, la Ley y los tribunales poco le interesan. Si no acata los amparos contra la operatividad del acueducto, menos se detendrá con usted…”

Gómez Torres murió en medio de la pobreza y la frustración al no ser testigo del cumplimiento de la Ley y, por lo tanto, de que se le hiciera justicia.

En 2015 se fue Padrés y también su gente. En el Ayuntamiento de Hermosillo, el alcalde Manuel Ignacio “Maloro” Acosta, conocedor del caso y sabedor de la condena contra el Ayuntamiento y a favor de los descendientes de don Lalo, sus hijos Gómez Limón, buscaba una fórmula para ayudar pero que no se comprometiera demasiado el patrimonio de los ciudadanos.

“A mi me heredaron esto, pero todos sabemos que no hay dinero. Más de 70 millones es mucho”, me dijo una vez. A través del área jurídica del Ayuntamiento se tomó una decisión atípica: Dar cumplimiento a la sentencia de amparo restituyendo el bien vulnerado, otorgándole de nuevo el espacio donde operó la pizarra electrónica sobre el camellón del Boulevard Luis Encinas. Evidentemente, no se tuvo el dinero ni la voluntad para levantar de nuevo el “Flash”.

Finalmente se dio un acercamiento y un acuerdo. Los Gómez Limón y su abogado Eleazar Fontes, aceptaron la propuesta de una indemnización por el daño. Recibirán un terreno en el sur de la ciudad valuado en 24 millones de pesos y seis millones más, en efectivo, cuyo cumplimiento se dará en nueve meses.

Esta acción del Ayuntamiento a cargo de “Maloro” Acosta no sólo es considerada ahora un acto de justicia a la memoria de don Eduardo Gómez Torres y un castigo al desdén y perversidad de Padrés y su gente.

Fue, además, un acto de reivindicación de la Ley para resarcir un daño evidente a un medio de comunicación sonorense.

Fue una victoria de Gómez Torres, como el Cid Campeador, que aún después de muerto, ganaba batallas.

Es ahora un antecedente histórico que deberán registrar los poderosos (provengan de donde provengan) que se resisten a respetar a los medios de comunicación que exigen ser libres en su pensamiento y en su primordial misión: Servir al lector.

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